De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Córdoba.
Nos ha perdido usted de vista en Granada, Madame, en la Casa de Pupilos, calle del Silencio, en el momento en que mis cinco compañeros dormÃan lo más rápido que podÃan para reponerse de sus fatigas, y en que yo iba a intentar hacer como ellos. A las cuatro en punto, un vigoroso ruido de cascos que retumbaba en el pavimento de la calle nos despertó a todos, a excepción de Alexandre: era el paso de las mulas. Abrimos la ventana; un vapor tibio, húmedo y penetrante invadió la habitación: llovÃa. Es muy poderoso el gremio de los escribanos, Madame. HabÃan inventado un proceso, molestado a un alcalde, movilizado a un corregidor, conmovido a un capitán general y hecho caer del cielo la primera lluvia que nos enjugáramos desde Madrid.
