De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Por mucho que intentáramos obtener de nuestros hombres la razón de su insistencia, no pudimos sacarles más que estas cuatro palabras: «¡Vamos, señores! ¡Vamos, vamos!».[101]
Nos vimos obligados, por lo tanto, a remitirnos al tiempo, ese gran revelador de todos los misterios, para que nos develara éste. Montamos a horcajadas sobre nuestras mulas, que parecían reanimadas por la buena noche que habían pasado, y tras haber hecho nuestra provisión de vino, nos pusimos en ruta, dejando a la Providencia, que se nos había aparecido la víspera bajo la forma de un cazador furtivo, la tarea de proporcionarnos lo demás.