De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —SÃ. SabÃamos que el señor Alexandre Dumas estaba en España, y contábamos con que no abandonarÃa España sin visitar nuestra ciudad.
Pasamos todos en general, y yo en particular dirigà algunas palabras de agradecimiento al oficial, antes de ponernos nuevamente en marcha. Muleteros y mulas nos siguieron.
—¡Y bien! —dije a Paul—, ¿la aduana?
—¡Oh! —dijo Paul— el jefe de aduanas vio el nombre de Monsieur escrito en las maletas; me preguntó si Monsieur era el autor de Monte-Cristo, le dije que sÃ, y él respondió: «Está bien, pase».
—¿Sin revisar nada?
—Sin revisar nada.
Regresé sobre mis pasos y fui a agradecer al jefe de la aduana, asà como habÃa agradecido al jefe del cuartel.
Le cuento un hecho, Madame, que le atestiguarán mis cinco compañeros, y que no le contarÃa si no estuvieran allà para atestiguarlo. ¿Conoce usted algo más literario y más cortés que los soldados y los aduaneros de Córdoba?
Un cuarto de hora después de este triunfo, entramos en el despacho de correos.