De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz 7 de noviembre.
Ha sido una enorme interrupción, Madame, tres largos dÃas sin escribirle; no es para nada mi costumbre, y debió pensar que habÃa pasado algo extraordinario al otro lado de los montes Pirineos; no se ha equivocado, descendemos de lo más alto, cerca de la Sierra Morena: acabamos de hacer algo que con toda seguridad jamás ha hecho viajero alguno: pasar tres dÃas de fraternidad con los habitantes de la montaña.
Paroldo habÃa contado un poco en demasÃa con las piernas de su mensajero cuando nos dió cita para el dÃa siguiente a las cuatro; o más bien, sabiendo que los dÃas de nuestra estadÃa en España estaban contados, no habÃa querido desilusionarnos confesándonos que se necesitaban al menos veinticuatro horas para establecer relaciones suficientes con nuestros futuros compañeros de caza. AsÃ, el éxito de la empresa descansaba sobre un problema bastante vago: ¿era yo tan conocido por los habitantes de la sierra como por los jefes de cuartel y los aduaneros de Córdoba?
