De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Córdoba.
Tal como nos lo dijera nuestro guía, al cabo de una hora habíamos llegado. Hicimos alto al pie de una cresta que tenía la forma de un pan de azúcar ensanchado en la base. Esa cresta estaba completamente cubierta de arbustos verdes, madroños, lentiscos, mirtos, que se elevaban a una altura de cuatro pies más o menos, y dejaban de tanto en tanto algunos pocos claros. Debía dominar la llanura desde unos mil quinientos pies. Para nosotros se trataba de rodear la base de la montaña, mientras que nuestros compañeros, que nos hacían todos los honores de la caza, subirían a la cresta y de allí descenderían y se repartirían por todas las caras de la montaña batiendo la caza hacia nosotros.
