De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Sevilla, 8 de noviembre de 1846.
¡Oh, Madame!, ruegue por quienes viajan por la rata de Córdoba a Sevilla, y recíprocamente, como se dice en términos de posta. De todo mi cuerpo, no puedo mover más que la mano derecha, y esto con grandes precauciones, porque había prometido escribirle, y porque quería cumplir mi promesa. Sí, Madame, desgraciadamente consentimos en desalojar de su puesto al conductor en beneficio de uno de nosotros; a este respecto, hubo incluso un combate de generosidad entre Boulanger y yo por quién tomaría esa desdichada caja unida como una verruga a la frente del coche de posta; un combate junto al cual el de Pythias y Damon era realmente muy poca cosa.
Boulanger la consiguió alegando que era diecisiete días más joven que yo, y que, por ende, me correspondía el mejor lugar por ser el de mayor edad. Cedí: si lo hubiese desmentido habría parecido que quería ocultar mis años, y ésa es una debilidad que no tengo aún, incluso si para diferenciarme de Alexandre tengo que soportar que mis compañeros de viaje me llamen habitualmente Dumas de Utica. Esperemos, Madame, que yo tenga un final mejor que el nuevo santo que me han otorgado desde mi entrada en España.[117] De mis otros compañeros, es decir, de Maquet, Giraud y Desbarolles, nada puedo decirle, teniendo en cuenta que partí una hora antes que ellos y que no deberían llegar sino doce horas más tarde que yo. Volvamos pues a nosotros.
