De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz ¿No habrá en todo esto algo que la atemorice, Madame, acerca de la prolongación de mi estadÃa en Sevilla, y que la ilumine sobre la desaparición de Alexandre? En cuanto a mÃ, Madame, debo decirle que no debe abrigar ningún temor, usted sabe que tengo la desgracia de ser el judÃo errante de la literatura, y que en cuanto quiero detenerme en algún lugar, tengo ya no un ángel sino media docena de demonios que me gritan, a cuál más alto: «¡Camina, camina, camina!». Una cosa me consuela, y es que cada paso que doy en este momento me aleja de usted en distancia, pero me acerca en tiempo. Y usted sabe que si el tiempo todavÃa existe, hoy, gracias al vapor, la distancia ha sido suprimida.