De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —Mi querido amigo —me dijo—, he aquà lo que acaba de decidirse entre estos señores: le brindaremos un baile.
—¿A m�
—SÃ, a usted.
—Vamos, ¿y para qué?
—Espere; quiere decir que nos ocuparemos de conseguir que estas damas bailen para usted.
—¿Cómo para m�, ¿dónde?
—En un salón. Nuestras danzas de teatro son muy bellas, al menos asà lo cree usted; pero son nuestras danzas de salón lo que hay que ver.
—¿Y las veré?
—Déjelo en nuestras manos.
—Mi querido Buisson, usted es mi providencia en este mundo.
—Agradezca a quien lo merece.
Y Buisson me descubrió a un grupo de jóvenes hacia el cual me dirigÃ.