De Paris a Cadiz

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XXXIX

Sevilla.

Consternación general en Sevilla, Madame; hoy domingo no habrá corrida de toros. Recuerda usted, Madame, que Montes y el Chiclanero habían permanecido en Sevilla y se habían comprometido a dar una corrida, ¿verdad? Sí. ¡Pues bien!, llovió toda la noche: Nocte pluit tota, como dice Virgilio, y los espectáculos, en lugar de regresar por la mañana, se fueron aguas abajo. Esto, Madame, en lo que toca a Montes y al Chiclanero; son unos petimetres que no se quieren manchar las medias de seda y los zapatos de satén; cuando vieron el barro dijeron: «¡Vaya!» y abordaron el barco a vapor que parte para Cádiz.

Montherot, por su parte, quien había retrasado dos días su partida a riesgo de causar un perjuicio a Portugal, y esto con el único fin de ver una corrida de toros, espectáculo que tenía para él todo el atractivo de la novedad, Montherot los siguió en el coche de posta. Nugeac, a su vez, parte mañana en El Trajano, pronuncie usted Trakano, si quiere pronunciar a la manera española. Lo acompaña hasta Oporto monsieur Meulien, cónsul en La Habana. Monsieur Meulien es uno de los pocos pasajeros que sobrevivieron al naufragio de La Méduse. Alexandre partió no sé para dónde; desapareció desde ayer a las cinco, y el mismo Desbarolles, su guardián habitual, no ha podido darme ninguna noticia de él.


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