De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Esta justa duró tres horas, Madame, y con diversas fortunas; muchos toros fueron volteados, pero también algunos jinetes rodaron en el polvo. Sin embargo, no sobrevino ningún accidente de gravedad. Cada vez que existía peligro para un jinete, una distracción era creada para el toro, ya sea por otro jinete, ya sea por un peatón aficionado que se lanzaba a la arena y, desplegando su manta, se ponía a capear al animal, si no con tanta destreza como un torero profesional, al menos con el mismo coraje.
Uno de esos capeadores dió un paso en falso y cayó; por un instante, como al pobre Lucas Blanco de aerostática memoria, creímos verlo ascender por el espacio. Pero en el momento en que el cuerno lo tocaba, la punta de una lanza tocó al toro, y el toro rodó de costado. Dos o tres veces, los toros perseguidos arremetieron contra la muralla viviente que les cerraba un lado del rodeo, pero ante su arremetida la muralla se abría con grandes gritos, dejaba pasar toro, caballo y jinete, y volvía a cerrarse tras ellos.