De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Finalmente, asà tuviese tan sólo el atractivo de verter mi pensamiento dentro de un molde nuevo, de hacer pasar mi estilo por un nuevo tamiz, de sacar chispas de alguna nueva faceta de esa piedra que extraigo, diamante o estrás, de la mina de mi pensamiento, cuyo valor fijará un dÃa el tiempo, ese incorruptible lapidario; asà tuviese tan sólo ese atractivo, decÃa, cederÃa a él; la imaginación, usted lo sabe, Madame, es en mà la hija de la fantasÃa, si no es la fantasÃa misma. Me dejo llevar entonces por el viento que me empuja en esta hora, y le escribo…