De Paris a Cadiz

De Paris a Cadiz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y yo le pregunto, ¿qué era lo que almorzaba, la pobre niña? Una de esas tazas de chocolate del tamaño de un dedal de costura que habían sido la desesperación de nuestros estómagos cuando entramos en España. Era humillante para nosotros que, pareciendo almorzar con nosotros, ella almorzara una taza de chocolate, mientras por nuestra parte almorzábamos costillas, perdices rojas de Ganbamond y vino de Montilla. Además, ¿no lo había dicho la pobrecita?, ella había elegido el día en que los franceses iban a Cádiz para ir en el mismo barco que ellos. Y sin duda había pensado que esos franceses, tan amables que ella los prefería a sus compatriotas, no la dejarían morir de hambre en el camino. Ha de convenir usted, Madame, que habría sido dejarla morir de hambre, o poco menos, permitir que almorzara una taza de chocolate.

Empujé la rodilla de Giraud, quien pasó el plato de costillas a Desbarolles, quien lo pasó a Boulanger, quien lo pasó a Julia. «¡Un plato!», gritó Julia. Ya ve, Madame, que Julia esperaba la cortesía que le ofrecíamos, puesto que la aceptaba sin dificultad alguna. No es que la pobre niña fuese golosa, todo lo contrario. España sólo tiene seis pecados capitales, Madame; el séptimo, la gula, ese encantador pecado de las Julias de Francia, es perfectamente desconocido por las Julias españolas. Almorzó, pues, por almorzar, lisa y llanamente, pero no por ello almorzó menos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker