De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Ante estas palabras Rodrigo se levantó enérgicamente, y con una voz alterada pidió inmediatamente su caballo; luego, volviéndose hacia el rey, le habló de este modo: «Señor, sabed que no me tengo por honrado por besar la mano del rey, y me tengo por ofendido porque mi padre la haya besado». Y diciendo estas palabras, salió del palacio, llevándose consigo a sus trescientos gentilhombres. Se marcharon bien vestidos para regresar bien armados; se marcharon sobre mulas para regresar a caballo.
Ahora, Madame, no se sorprenda si desde mi entrada en Burgos le he hablado del Cid. Hay ciertos nombres que están ligados indisolublemente entre sí. Burgos, pobre ciudad que en otros tiempos contaba con treinta y cinco mil habitantes y que hoy no cuenta, creo, con más de ocho o nueve mil, Burgos no es de ningún modo la ciudad de Fernando González, que fue su primer conde; Burgos no es tampoco la ciudad de don Alfonso I, que fue su primer rey; Burgos es la ciudad del Cid, que fue su hijo más ilustre.