De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz En esta llanura, en las orillas de ese río de dulce nombre, el rey Rodrigo libró aquella batalla que duró ocho días. Usted conoce esa tradición poética, ¿verdad, madame?, España se perdió como Troya, como Italia, por el amor de una mujer. Sólo conocemos a Homero, autor de la Ilíada; sólo conocemos a Tito Livio, el narrador o tal vez el inventor de la tradición romana; pero no conocemos al autor de esos maravillosos romanceros[125] que hicieron populares incluso en Francia los nombres de don Rodrigo y de don Julián y de la Cava. Y sin embargo todos esos infortunios que le acontecieron habían sido predichos al desafortunado rey el día en que abrió la torre de Hércules. Sí, Madame, esa torre de Hércules cuyas ruinas vimos en Toledo, fue abierta por el rey Rodrigo mil ciento treinta y siete años antes que nosotros; creyó encontrar allí los tesoros del dios; no encontró más que estas palabras terribles escritas en el muro: «Rey, es para tu desgracia que has abierto esta torre; porque el rey que abra esta torre deberá incendiar España».