De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Durante media hora o tres cuartos de hora anduvimos por una escollera angosta como una cinta, con el mar a nuestra derecha y las salinas a la izquierda. Al final de esa cinta, que por una curva se une a Europa, Cádiz parece navegar, como una de esas pequeñas embarcaciones de velas blancas que los niños pasean, tirando de un hilo, por el estanque de las Tullerías. Como a medio cuarto de legua de la ciudad, una fortificación corta la escollera. Poco después, en lugar de contornear el mar, le dimos la espalda, y nos adentramos rumbo a la isla de León. Teníamos entonces el Trocadero a nuestra izquierda, y las inmensas llanuras que riega el Guadalete a nuestra derecha.