El caballero de la casa roja

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Capítulo XIII

Durante la jornada del 31 de mayo, mientras la alarma resonaba desde el alba, el batallón del arrabal Saint-Victor entraba en el Temple. Tras ellos llegaron los municipales de servicio, y cuatro piezas de cañón se añadieron a la batería de la fortaleza.

Al mismo tiempo que los cañones llegó Santerre, pasó revista al batallón y a los municipales, y observó que faltaba uno de estos.

—¿Por qué sólo hay tres municipales? —preguntó—. ¿Quién es el mal ciudadano que falta?

—El que falta no es un tibio —contestó Agrícola—, sino el secretario de la sección Lepelletier, el ciudadano Lindey.

—Bien, bien; conozco el patriotismo del ciudadano Maurice Lindey; lo que no impedirá que se le inscriba en la lista de ausentes si no llega antes de diez minutos.

A pocos pasos del general, un capitán de cazadores y un soldado comentaban la ausencia de Maurice. El capitán dijo a media voz:

—Si no viniera, le colocaré a usted de centinela en la escalera, y cuando ella suba a la torre podrá decirle unas palabras.

En ese momento entró un municipal, que se dirigió a Santerre:


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