El caballero de la casa roja

El caballero de la casa roja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ciudadano general: el ciudadano Maurice Lindey está enfermo y te ruego que me admitas en su puesto; aquí está el certificado médico; mi turno de guardia era dentro de ocho días y lo he cambiado con él.

El capitán y el cazador se habían mirado con una alegre sorpresa.

—Dentro de ocho días —se dijeron.

—Capitán Dixmer —gritó Santerre—, tome posición con su compañía en el jardín.

Resonó el tambor, y la compañía, conducida por el curtidor, se alejó en la dirección prescrita.

En el jardín, a unos veinticinco metros del muro, por la parte de este que daba a la calle Porte-Foin, se levantaba una especie de caseta donde podían proveerse de comida y bebida los guardias nacionales; estaba regida por la señora Plumeau, excelente patriota, viuda de un arrabalero caído el 10 de agosto.

La cabañita se componía de una sola habitación de doce pies cuadrados, bajo la que se extendía la cueva donde la viuda Plumeau guardaba sus víveres.

El capitán y el cazador entraron en la taberna y la señora Plumeau ofreció al primero, vino de Saumur, pero este, tras observar que no había en la cantina queso de Brie, aseguró que, para él, el famoso vino no valía nada si no iba acompañado de dicho comestible.

—Y date cuenta —le dijo— que la consumición valía la pena, pensaba invitar a toda la compañía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker