El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Pero ¿no estaba en el Temple ningún municipal conocido?
—DebÃa estar uno: el ciudadano Maurice Lindey; pero no ha ido porque se encontraba enfermo. Aunque si hubiera estado quizá serÃa lo mismo. Como estamos enemistados, puede que hubiera evitado hablarme.
—Creo que usted exagera la gravedad de la situación; el señor Lindey puede tener el capricho de no volver por aquÃ, pero en absoluto es nuestro enemigo.
—Geneviève, lo que esperábamos de Maurice no era demasiado para una amistad real y profunda. Esta amistad se ha roto y ya no hay esperanza por nuestra parte.
—Entonces, ¿por qué no intenta otra gestión con él?
—No. Ya he hecho todo lo que se podÃa hacer. Una nueva gestión despertarÃa sus sospechas. Además, creo que hay una herida en el fondo de su corazón. Usted está convencida, como yo, de que en nuestra ruptura con el ciudadano Lindey hay algo más que un capricho; quizá sea el orgullo. Mi gestión lo hubiera compensado todo si el agravio proviniera de mÃ; pero ¿y si proviniera de usted?
—¿De m� ¿Y cómo quiere que yo haya agraviado a Maurice?