El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¿Quién sabe, con semejante carácter? ¿No ha sido usted la primera en acusarle de capricho? Me mantengo en mi antigua idea: usted ha hecho mal no escribiendo a Maurice.
—¡Yo! ¿Usted piensa eso?
—No sólo lo pienso, sino que lo he pensado mucho durante las tres semanas que dura la ruptura.
—¡Dixmer, no exija eso de mÃ! —exclamó Geneviève.
—Usted sabe que nunca le exijo nada; sólo suplico. Le suplico que escriba una carta al ciudadano Maurice. —Geneviève intentó protestar, pero Dixmer la interrumpió—. Escuche: o existen graves motivos de enojo entre Maurice y usted, o su enfado proviene de alguna cosa infantil. Si es asÃ, serÃa una locura eternizarlo; si el motivo es serio, dada nuestra situación, no deben contar nuestra dignidad y amor propio. Haga un esfuerzo; escriba al ciudadano Maurice Lindey y él volverá.
Geneviève reflexionó un instante.
—Pero ¿no se podrÃa encontrar un medio menos comprometedor de hacer volver la buena inteligencia entre usted y Maurice?
—¿Comprometedor? Me parece el medio más natural.
—No para mÃ.
—Es usted obstinada, Geneviève.