El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Pasada la embriaguez de las primeras miradas, Maurice había encontrado muy por debajo de sus previsiones la recepción que le había hecho Geneviève.
Él contaba con la soledad para recuperar su afecto, pero Geneviève tenía su plan dispuesto y contaba con no proporcionarle ocasión para una conversación a solas. Ese día había acudido a visitarla una parienta y Geneviève la retuvo a su lado, pidiendo luego a Maurice que la acompañara hasta su casa, en la calle Fossés-Saint-Victor. Maurice se marchó enfurruñado, pero Geneviève le sonrió y él lo tomó por una promesa.
Sin embargo se equivocaba. Al día siguiente, 2 de junio, día que vio la caída de los girondinos, Maurice se despidió de Lorin, que pretendía llevarle a la Convención, y dejó todo para ir a ver a su amiga, a la que encontró en su saloncito, acompañada por una doncella que marcaba pañuelos junto a una ventana. Maurice se impacientó al comprobar que Geneviève no despedía a la oficiosa joven, y se marchó una hora antes que de costumbre.