El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Los guardias nacionales estallaron en risas, y Simon amenazó a Lorin con denunciarle por haber permitido la entrada en la fortaleza a dos extraños. Luego, al ver salir a Morand y Geneviève se lanzó escaleras arriba y llegó a tiempo para ver como Maurice entregaba el asignado a la señora Tison.
—Ciudadana, ¿quieres hacerte guillotinar? —preguntó Simon.
—¿Yo? ¿Porqué?
—¡Cómo! Recibes dinero de los municipales por dejar entrar a los aristócratas a las habitaciones de la austriaca.
—¿Yo? Cállate. Estás loco.
—Eso constará en el proceso verbal.
—Vamos; eran amigos del municipal Maurice, uno de los mejores patriotas que existen.
—De los conspiradores, dirÃa yo; el ayuntamiento será informado y juzgará.
—¿Es que me vas a denunciar, espÃa?
—Exactamente; a menos que te denuncies tú misma.
—Pero, si no ha ocurrido nada.