El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja No se habÃa contado con Simon, pero este tenÃa sus planes; llegó al final de la sesión para pedir noticias y se enteró de la decisión del ayuntamiento; al saber que sólo faltaba una denuncia en regla para dar curso al asunto, pidió cinco minutos.
—¿De qué se trata? —preguntó el presidente.
—Se trata de la valerosa ciudadana Tison, que denuncia los manejos sórdidos del partidario de los aristócratas Maurice, y las ramificaciones de otro falso patriota llamado Lorin —dijo el zapatero.
—¡Ten cuidado, Simon! Tu celo por la nación te enajena —dijo el presidente—; Maurice Lindey y Hyacinte Lorin son patriotas probados.
—Eso se verá en el tribunal.
—Piénsalo bien, Simon; será un proceso escandaloso para todos los buenos patriotas.
—Escandaloso o no, ¿a mà qué me importa?, ¿acaso temo yo al escándalo? Al menos, se sabrá toda la verdad sobre los traidores.
—Entonces, ¿persistes en denunciar en nombre de la señora Tison?
Simon se mantuvo firme y el presidente aseguró que se detendrÃa a Maurice, que habÃa vuelto al Temple, donde le esperaba una nota que decÃa: