El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —La prisionera ha cogido una al azar delante de mÃ, tras haber rehusado todo el ramo.
—Entonces, según tu opinión, ¿no ha existido complot?
—Sà lo ha habido, y yo soy el primero en afirmarlo; sólo que ese complot no procede de mis amigos. Sin embargo, como es preciso no exponer a la nación a ningún recelo, ofrezco una satisfacción y me constituyo en prisionero.
—Nada de eso —respondió Santerre—, ¿es que se trata de gente probada, como tú? Si tú te constituyes prisionero para responder de tus amigos, yo me constituyo prisionero para responder de ti. La cosa es simple: no hay denuncia en regla, ¿no? Nadie sabrá lo que ha ocurrido. Redoblemos la vigilancia, tú, sobre todo, y llegaremos a conocer el fondo del asunto con evidente claridad.
—Gracias, comandante —dijo Maurice—. Pero yo le responderé lo mismo que usted harÃa en mi lugar: no debemos permanecer aquÃ, es preciso encontrar a la florista.
—La florista está lejos; pero, estate tranquilo: se la buscará. Tú vigila a tus amigos, yo vigilaré en lo correspondiente a la prisión.