El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Maurice se extrañó de que su amigo se encargara de tal misión.
—Yo no me he encargado; me han encargado; sin embargo, debo decir que yo lo hubiera solicitado. Necesitamos un golpe resonante para rehabilitarnos, ya que nuestra rehabilitación no es sólo la seguridad de nuestra existencia, sino también el derecho a meter seis pulgadas de acero en el vientre de Simon a la primera oportunidad.
—Pero ¿cómo has sabido que el caballero de Maison-Rouge era la cabeza de la conspiración del subterráneo?
—Aún no es seguro, pero se supone.
—¡Ah!, ¿procedéis por intuición?
—No; por certeza.
—¿Cómo explicas todo eso? Veamos, porque en fin…