El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Escucha bien. Apenas he oÃdo anunciar que se habÃa descubierto la conspiración, he querido verificarlo por mà mismo. Se hablaba de un subterráneo. He ido a verlo y lo he recorrido desde la cueva de la ciudadana Plumeau hasta una casa de la calle Corderie, la casa número doce o catorce, no me acuerdo bien. Te aseguro que era un pasadizo muy bien hecho; además, estaba cortado por tres rejas de hierro, que si los conjurados hubieran tenido éxito, les habrÃan dado tiempo, sacrificando a tres o cuatro de los suyos, a llevar a la viuda Capeto a un lugar seguro. Felizmente no ha sido asÃ, y ese repulsivo Simon lo ha descubierto todo.
—Creo que, antes de nada, se deberÃa haber arrestado a los habitantes de esa casa de la calle Corderie —dijo Maurice.
—Eso es lo que se hubiera hecho de no haber encontrado la casa completamente vacÃa de inquilinos.
—Pero, esa casa pertenecerá a alguien.