El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja La llave estaba en la puerta, y Maurice tendió la mano hacia ella, pero vaciló.
—Bien —dijo Lorin—. Abre.
—¿Y si la ciudadana Dixmer está acostada? —preguntó Maurice.
—Miraremos en su cama, bajo su cama, en su chimenea y en sus armarios —dijo Lorin—; y si sólo está ella, le desearemos buenas noches.
—No —dijo el policÃa—; la detendremos; la ciudadana Geneviève Dixmer era una aristócrata reconocida como cómplice de la joven Tison y del caballero de Maison-Rouge.
—Abra entonces —dijo Maurice, dejando la llave—. Yo no detengo a mujeres.
El policÃa miró a Maurice de través y los granaderos murmuraron entre sÃ. Lorin dijo que él era de la opinión de Maurice y dio un paso atrás.
El policÃa cogió la llave, la hizo girar violentamente, la puerta cedió y los soldados se precipitaron en la habitación.
Dos velas ardÃan sobre una mesita, pero en la habitación de Geneviève tampoco habÃa nadie.
—¡VacÃa! —exclamó el policÃa.
—¡VacÃa! —repitió Maurice palideciendo—. Entonces, ¿dónde está?
—Busquemos —dijo el policÃa.