El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Y seguido de los milicianos se puso a registrar la casa desde las bodegas hasta los talleres. Apenas volvieron la espalda, Maurice se lanzó a la habitación, llamando a Geneviève con una voz llena de ansiedad. Pero la joven no le contestó. Entonces, Maurice también empezó a registrar la casa con una especie de frenesí.
De pronto, escuchó un gran alboroto; una patrulla de hombres armados se presentó en la puerta, cambió la contraseña con el centinela, invadió el jardín y se esparció por la casa. A la cabeza del refuerzo iba Santerre, que preguntó a Lorin dónde estaba el conspirador.
—Si su destacamento ha guardado bien las salidas, debe haberle arrestado —contestó Lorin—; porque no estaba en la casa cuándo hemos entrado.
—¿Qué dice? —exclamó furioso el general—. ¿Le han dejado escapar?
—No le hemos podido dejar escapar, puesto que nunca hemos tenido.
—Entonces no comprendo nada de lo que ha dicho vuestro enviado.
—¿Que nosotros le hemos enviado a alguien?