El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Sin duda. Un hombre vestido de oscuro, con cabello negros y gafas verdes, que ha venido a avisarnos de vuestra parte que estabais a punto de atrapar a Maison-Rouge, pero que se defendÃa como un león; ante lo cual, he acudido aquÃ. El hombre llevaba del brazo a una mujer joven y guapa.
—Eran el caballero de Maison-Rouge y la ciudadana Dixmer —dijo Maurice.
—Pero ¿cómo diablos les ha dejado pasar? —dijo Lorin.
—¡Pardiez! —dijo Santerre—. Les he dejado pasar porque tenÃan la contraseña.
—Entonces, hay un traidor entre nosotros —exclamó Lorin.
—No, no, ciudadano Lorin —dijo Santerre—. Se os conoce y se sabe que no hay traidores entre vosotros.
Lorin miró a su alrededor como si buscara al traidor cuya presencia acababa de proclamar. Su mirada encontró la frente sombrÃa y los ojos vacilantes de Maurice.
—¡Oh! —murmuró—. ¿Qué quiere decir eso?
—Ese hombre no puede estar muy lejos —dijo Santerre—. Registremos los alrededores; quizás haya caÃdo en manos de una patrulla más hábil que nosotros y que no se haya dejado sorprender.
—SÃ, sÃ, busquemos —dijo Lorin.