El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Y tomando a Maurice por un brazo le sacó del jardÃn con el pretexto de registrar.
—SÃ, registremos —dijeron los soldados—, pero antes de registrar…
Y uno de ellos arrojó su antorcha en un cobertizo repleto de gavillas y de plantas secas.
Maurice no opuso ninguna resistencia y siguió a su amigo como un niño; los dos fueron hasta el puente sin hablar; allà se detuvieron. Maurice se volvió: el cielo del barrio estaba rojo y numerosas chispas pasaban por encima de las casas.