El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Maurice se estremeció y señaló hacia la calle Saint-Jacques.
—¡Fuego! —dijo—. ¡Fuego!
Maurice temÃa que Geneviève hubiera vuelto y confirmó a su amigo que la joven y la señora Dixmer eran la misma persona.
—Lorin —dijo—, es necesario que la encuentre, tengo que vengarme.
—¡Oh! ¡Oh! —dijo Lorin.
Amor, tirano de dioses y mortales.
No es sólo incienso lo que necesitan tus altares.
—Me ayudarás a encontrarla, ¿verdad, Lorin?
—¡Pardiez! Eso no será difÃcil. Tú debes saber cuáles son sus amigos más Ãntimos; ella no habrá abandonado ParÃs todos ellos tienen el prurito de quedarse aquÃ; se habrá refugiado en casa de algún amigo, y mañana recibirás una nota concebida en estos términos:
Si Marte quiere volver a ver a Citérea
que se ponga a la noche su fajÃn azulado.
»Y que pregunte al portero del número tal, de tal calle, por la señora Tres-Estrellas».
Maurice levantó los hombros; él sabÃa que Geneviève no tenÃa en donde refugiarse.