El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —No la encontraremos —murmuró.
—PermÃteme decirte una cosa, Maurice —dijo Lorin—; y es que quizá no serÃa una gran desgracia que no la encontráramos.
—Si no la encontramos, me moriré.
Lorin invitó a su amigo a sentarse en un banco y hablar un momento.
—Escucha —le dijo—; voy a decirte una cosa: ya sabes que hay un decreto del comité de salud pública declarando traidor a todo aquel que tenga relaciones con los enemigos de la patria. Pues bien, me parece que tú eres un mal traidor; a menos que veas como idolatrando a la patria a quienes dan alojamiento, comida y lecho al señor caballero de Maison-Rouge, el cual no es un exaltado republicano ni está acusado de haber participado en las jornadas de septiembre. Esto hace que me parezcas bastante amigo del enemigo de la patria. Vamos, no te subleves, y confiesa que no has sido muy fiel.
Maurice se contentó protestando con un gesto. Lorin hizo como que no lo veÃa y continuó: