El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Y se dispuso a escribir, al pie de la página casi llena, el registro de la recién llegada; mientras su mujer, detrás del sofá, miraba con asombro casi respetuoso a la mujer de aspecto triste, noble y altivo que su marido interrogaba.
—MarÃa Antonieta Juana Josefa de Lorena —respondió la prisionera— archiduquesa de Austria, reina de Francia.
—¿Reina de Francia? —preguntó el portero asombrado.
—Reina de Francia —repitió la prisionera en el mismo tono.
—También llamada viuda Capeto —dijo el jefe de la escolta.
—¿Con cuál de estos nombres debo inscribirla? —preguntó el portero.
—Con el que quieras, con tal de que lo hagas rápido —dijo el jefe de la escolta.
El portero volvió a sentarse en el sillón y escribió en su registro los nombres, apellidos, y tÃtulos que se habÃa dado la prisionera. La señora Richard continuaba detrás del sillón de su marido; pero un sentimiento de religiosa conmiseración le habÃa hecho juntar las manos.
—¿Edad? —continuó el portero.
—Treinta y siete años y nueve meses —respondió la reina.