El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —Ya comprendo que mi beneficio está en hacer lo que usted me pida, pero temo las consecuencias…
—¡Las consecuencias!… ¿Qué temes? Yo no seré quien te denuncie, al contrario.
—Sin duda.
—Al dÃa siguiente de ocupar yo tu puesto en la ConserjerÃa, tú vienes a darte una vuelta por allÃ; te entrego los cincuenta mil francos, y con el dinero te doy un salvoconducto para salir de Francia. ¿Cuándo me presentarás al tÃo Richard?
—Si quiere usted, esta misma noche. Diré que es mi primo Mardoche, pantalonero de oficio.
—De pantalonero a curtidor no hay mucha diferencia.
—¿Es usted curtidor?
—PodrÃa serlo. ¿A qué hora me presentarás?
—Si quiere usted, dentro de media hora.
A las nueve de entonces.
—¿Cuándo me dará el dinero?
—Mañana.
—¿Debes ser enormemente rico?
—Estoy bien situado.
—Un ci-devant[22], ¿no es as�
—¡Y a ti que te importa!
—Tener dinero, y enseñarlo es correr el riesgo de ser guillotinado, ¡en verdad, que los ci-devant son muy estúpidos!