El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¡Qué sabrás!, los sans-culottes[23]. son tan inteligente que no se diferencian de nosotros.
—¡Shh!, aquà está mi vino.
—Esta noche quedamos frente de la ConserjerÃa.
—De acuerdo.
El patriota pagó la cuenta y salió a la calle.
La puerta, oyeron gritar con voz de trueno:
—¡Ciudadanos!, ¡chuletas de salmuera!, mi primo Gracchus está muerto de hambre.
—¡La buena Mardoche! —dijo el carcelero desgustando copa de borgoña que pagó a la posadera casera mirándola tiernamente.