El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja En cuanto al físico, Maurice Lindey medía cinco pies y ocho pulgadas, tenía veinticinco o veintiséis años, musculoso como un Hércules, con esa extraña belleza que caracteriza a los francos como una raza particular, es decir, una frente pura, ojos azules, cabello castaño y ondulado, mejillas rosa y dientes de marfil.
Aunque no era rico, tenía independencia económica; poseía un apellido respetado, y, sobre todo, popular; conocido por su educación liberal y sus principios, más liberales todavía, se había situado a la cabeza de un partido formado por todos los jóvenes burgueses patriotas.
Maurice había asistido a la toma de la Bastilla, había estado en la expedición de Versalles, había combatido como un león el diez de agosto, y en esta memorable jornada había matado tanto patriotas como suizos, pues le eran tan insufribles el asesino con casaca como el enemigo de la República con uniforme rojo.