El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja Fue él quien, para exhortar a los defensores del castillo a rendirse e impedir que corriera la sangre, se había arrojado sobre la boca de un cañón con el que iba a hacer fuego un artillero parisiense. Fue él quien entró primero en el Louvre por una ventana, pese a la descarga de los fusiles de cincuenta suizos y otros tantos gentilhombres emboscados. Cuando percibió las señales de capitulación, su terrible sable ya había atravesado más de diez uniformes; entonces, viendo a sus amigos masacrar a placer a los prisioneros que suplicaban piedad, se lanzó furiosamente sobre sus compañeros, lo que le valió una reputación digna de los mejores días de Roma y Grecia.
Declarada la guerra, Maurice se enroló y partió hacia la frontera como teniente, junto con los mil quinientos voluntarios que la ciudad enviaba contra los invasores, y que cada día debían ser seguidos por otros mil quinientos.