El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —SÃ. ¿Cómo has podido adivinarlo? Era Dixmer que se habÃa matado él solo; el desgraciado, sin duda, lo ha hecho como expiación.
Geneviève dejó caer su cabeza entre las manos; estaba demasiado débil para soportar tantas emociones juntas. Maurice preguntó a su amigo si eso era lo que habÃa pensado.
—SÃ… a menos que… haya encontrado a alguien…
Maurice, aprovechando que Geneviève no podÃa verle, se desabrochó el traje y mostró a Lorin su chaleco y camisa ensangrentados.
—Eso es otra cosa —dijo Lorin, tendiendo la mano a su amigo. Luego, se acercó a su oreja para hablarle en voz baja—. Como he entrado sin que me registraran, diciendo que soy de la escolta de Sansón, tengo el cuchillo, por si la guillotina te repugna.
Maurice cogió el arma con alegrÃa; pero se arrepintió a pensar que Geneviève sufrirÃa demasiado y devolvió el cuchillo a su amigo que, dando un viva a la guillotina, lo arrojó en medio del grupo de condenados. Uno de ellos lo cogió se lo clavó en el pecho y cayó muerto en el acto. En ese momento, Geneviève se revolvió dando un grito: Sansón acababa de ponerle la mano en el hombro.