El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja La tentativa de liberación había excitado la cólera de unos y el interés de otros. Por otra parte, este acontecimiento lo corroboraba la multitud de emigrados que, desde hacía tres semanas, habían vuelto a entrar en Francia por diferentes puntos de la frontera. Era evidente que todas las personas que arriesgaban así su cabeza no lo hacían sin un objetivo, y este, según todas las probabilidades, era la liberación de la familia real.
A propuesta de Osselin, se había promulgado un decreto condenando a muerte a todo emigrado convicto de haber regresado a Francia, así como a todo ciudadano que le hubiera dado ayuda o, asilo. Esta ley inauguraba el terror. Sólo faltaba la ley sobre los sospechosos.
El caballero de Maison-Rouge era un enemigo demasiado activo y audaz para que su vuelta a París y su aparición en el Temple no acarreasen las más drásticas medidas. Se realizaron registros más severos que nunca en multitud de casas sospechosas, pero el único resultado que dieron fue el descubrimiento de algunas emigradas que se dejaron prender y de algunos viejos que no se molestaron en disputar a los verdugos los pocos días que les quedaban de vida.