El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja EL comedor estaba situado en el cuerpo del edificio adonde habían conducido a Maurice poco antes: al entrar este con Dixmer y Geneviève estaba puesta la mesa; pero la sala todavía desierta. Poco después fueron entrando sucesivamente todos los convidados hasta el número de seis.
Eran hombres de aspecto agradable, jóvenes la mayor parte, y vestidos a la moda; dos o tres, incluso llevaban casaca y gorro rojo. Dixmer se los presentó a Maurice y a continuación invitó a todos a sentarse a la mesa.
—Y… el señor Morand —dijo tímidamente Geneviève—, ¿no le esperamos?
—¡Ah!, es cierto. El ciudadano Morand, del que ya le he hablado, es mi socio. Podría decirse de él que es el encargado de la parte moral de la casa; se encarga de la caja, las facturas y todo el papeleo. Es quien tiene mayor trabajo de todos nosotros, por eso se retrasa algunas veces. Voy a avisarle.
En ese momento se abrió la puerta y entró el ciudadano Morand.