El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja —¿Se sabe qué ha ocurrido con el caballero de Maison-Rouge? —preguntó Geneviève.
Dixmer y Morand opinaron que habrÃa abandonado ParÃs con toda seguridad, y quizá la misma Francia; pero Maurice sostuvo que continuaba en ParÃs y dio un argumento que, pensaba, serÃa fácilmente comprendido por Geneviève: el caballero estaba enamorado de MarÃa Antonieta.
Estallaron dos o tres risas de incredulidad, tÃmidas y forzadas. Dixmer miró a Maurice como si quisiera leer en el fondo de su alma. Geneviève notó que las lágrimas le humedecÃan los ojos y un escalofrÃo le recorrÃa el cuerpo. El ciudadano Morand derramó el vino de su vaso, y su palidez habrÃa sobresaltado a Maurice si el joven no hubiera tenido su atención concentrada en Geneviève.
—Se ha emocionado, ciudadana —murmuró Maurice.
—A las mujeres siempre nos emociona un afecto, por opuesto que sea a nuestros principios.
—Ciudadano Lindey —dijo el jefe de taller—, permÃteme decirte que me pareces demasiado indulgente con este caballero…