El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein —Espero que pronto. Tendrá que darse prisa, si quiere cumplir uno de los últimos deseos de Gaspar, que está agonizante y que ha manifestado que querrÃa ver a su nieta antes de morir. Hay que hacer todo lo que esté en manos de los hombres para satisfacer a los moribundos. El otro deseo del abuelo está en manos de Dios, porque se trata de saber si su segunda hija, NoemÃ, tuvo una muerte santa o lleva una vida próspera. Pero Noemà se encuentra en Francia, y nadie puede dar respuesta a este deseo del pobre anciano.
—Claro que sà —dijo el desconocido.
—¿Y quién podrÃa hacerlo?
—Yo mismo.