El collar de la reina
El collar de la reina —Recuerdo exactamente el número, monseñor. Nueve cubiertos, ¿no es eso?
—Hay cubiertos y cubiertos…
—SÃ, monseñor, pero…
El mariscal interrumpió al maestresala con un breve movimiento de impaciencia, no exento, sin embargo, de majestad.
—«Pero…» no es una respuesta, monsieur. Y cada vez que oigo la palabra «pero», y estoy oyéndola muchas veces desde hace ochenta y ocho años…, cada vez que he oÃdo esa palabra, ya estoy harto de decÃroslo, precedÃa a una tonterÃa.
—Monseñor…
—A ver: ¿para qué hora habéis dispuesto la comida?
—Monseñor, los burgueses comen a las dos, los letrados a las tres y la nobleza a las cuatro.
—¿Y yo, monsieur?
—Monseñor comerá a las cinco.
—¡Oh, a las cinco!
—SÃ, monseñor; como el rey.
—Y ¿por qué como el rey?
—Porque en la lista que monseñor me ha remitido está el nombre de un rey.
—Nada de eso. Os equivocáis. Entre mis invitados de hoy sólo hay simples caballeros.
