El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Sà —dijo la marquesa—, está convenido, la Santa Alianza libra a Europa de Napoleón, y Villefort libra a Marsella de sus seguidores. El rey reina o no reina: si reina, su gobierno debe ser fuerte y sus agentes inflexibles; es la manera de prevenir el mal.
—Desgraciadamente, señora —dijo sonriendo Villefort—, un sustituto del fiscal del rey llega siempre cuando el mal ya está hecho.
—Entonces, le toca a él remediarlo.
—PodrÃa decirle además, señora, que nosotros no remediamos el mal, sino que intentamos vengarlo: eso es todo.
—¡Oh! Señor de Villefort —dijo una joven y bonita persona, hija del conde de Salvieux y amiga de la señorita de Saint-Méran—, trate entonces de conseguir un buen proceso mientras que estemos en Marsella. Yo nunca he visto una audiencia, y dicen que es muy curioso de ver.