El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Oh! Vamos, vámonos; me parece que voy a morir si me quedo más tiempo frente a ese hombre.
Y Haydée se levantó rápidamente, se envolvió en un albornoz de cachemira blanco, bordado de perlas y de coral, y salió rápidamente en el momento en el que se levantaba el telón.
—¡Mire cómo ese hombre nunca obra como los demás! —dijo la condesa G… a Albert, que habÃa vuelto junto a ella—; escucha religiosamente el tercer acto de Robert le Diable, y se va en el momento en el que va a empezar el cuarto.