El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Y bien! Pero Valentine, ¡si me parece que voy a adorar a la señora de Villefort!
—¡Oh! No tan deprisa, Maximilien —dijo Valentine con una triste sonrisa.
—En fin, si no le gusta mucho ese matrimonio, aunque sólo fuera por romperlo, quizá se abrirÃa a alguna otra proposición.
—No lo crea, Maximilien, en absoluto; la señora de Villefort, no es que rechace a los maridos, sean quienes sean, sino que rechaza al matrimonio mismo.
—¡Cómo que al matrimonio! Si tanto detesta el matrimonio, ¿por qué se casó ella?