El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo LVIII

El señor Noirtier de Villefort

Esto es lo que había ocurrido en la casa del fiscal del rey después de que la señora Danglars y su hija se marcharan, y durante la conversación que acabamos de relatar.

El señor de Villefort había entrado en las habitaciones de su padre, seguido de la señora de Villefort; en cuanto a Valentine, sabemos dónde estaba.

El matrimonio, después de saludar al anciano, después de hacer salir a Barrois, el viejo criado que llevaba más de veinticinco años a su servicio, se sentó a ambos lados del abuelo.

El señor Noirtier, sentado en su gran sillón de ruedas, en el que lo colocaban por la mañana y de donde le sacaban por la noche, situado delante de un espejo en el que se reflejaba toda la estancia, permitiéndole ver, sin ni siquiera intentar un movimiento, que sería imposible, a todo el que entraba y salía de la habitación, y todo lo que hacían a su alrededor. El señor Noirtier, inmóvil como un cadáver, miraba con ojos inteligentes y vivos a sus hijos, cuya ceremoniosa reverencia le anunciaba alguna gestión oficial inesperada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker