El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Ah! ¡Está usted ahÃ! —dijo ella al fin, volviéndose del lado de Fernand.
—No la he dejado desde ayer —respondió Fernand con un doloroso suspiro.
El señor Morrel no se habÃa dado por vencido; supo que después del interrogatorio Dantès habÃa sido conducido a prisión; entonces habÃa ido corriendo a casa de cada uno de sus amigos, se habÃa presentado en casa de las personas de Marsella que podrÃan tener influencia, pero ya se habÃa extendido la noticia de que el joven habÃa sido arrestado como agente bonapartista y, como en esa época los más osados veÃan como un sueño insensato toda tentativa de Napoleón para subir de nuevo al trono, no habÃa encontrado más que frialdad, temor o rechazo, y habÃa vuelto a su casa desesperado, pero confesando sin embargo que la situación era grave y que nadie podÃa hacer nada.