El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Eh, sí! ¿Cree usted, por ejemplo, que era al desgraciado sirviente al que querían? No, no: como el Polonio de Shakespeare, ha muerto en lugar de otro. Era Noirtier quien debía beber la limonada; es Noirtier quien la bebió siguiendo el orden lógico de las cosas; el otro la bebió por accidente; y aunque sea Barrois quien esté muerto, era Noirtier quien debía morir.

—Pero, entonces, ¿cómo es que mi padre no ha sucumbido?

—Ya se lo dije, una tarde, en el jardín, después de la muerte de la señora de Saint-Méran: porque su cuerpo está acostumbrado a ese mismo veneno; porque la dosis, insignificante para él, era mortal para cualquier otro; porque, en fin, porque nadie sabe, ni siquiera el asesino, que desde hace un año trato con brucina la parálisis del señor Noirtier, mientras que el asesino no ignora, y se lo ha confirmado la experiencia, que la brucina es un violento veneno.

—¡Dios mío! ¡Dios mío! —murmuraba Villefort retorciéndose las manos.

—Siga un poco el camino del criminal; mata al señor de Saint-Méran.

—¡Oh, doctor!

—Yo lo juraría; lo que me han dicho de los síntomas concuerda demasiado bien con lo que han visto mis ojos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker