El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mi querido Albert, aquí está mi pasaporte; mire los visados: Ginebra, Milán, Venecia, Trieste, Delvino, Janina. ¿Está dispuesto a creer en la policía de una república, de un reino y de un imperio?

Albert bajó los ojos sobre el pasaporte, y los levantó, asombrado, mirando a Beauchamp.

—¿Usted ha estado en Janina? —dijo.

—Albert, si usted hubiera sido un extraño, un desconocido, un simple lord como ese inglés que vino a pedirme una explicación hace tres o cuatro meses, y a quien maté para quitármelo de en medio, comprenda que no me habría tomado tantas molestias, pero creí que le debía esa muestra de consideración, Albert. Fueron ocho días para ir, ocho para volver, cuatro de cuarentena y cuarenta y ocho horas de estancia en Janina; eso suma las tres semanas. Llegué esta noche, y aquí estoy.

—¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Cuántos circunloquios, Beauchamp! ¡Y cuánto tarda en decirme lo que estoy esperando!

—Es que, de verdad, Albert…

—Uno diría que tiene dudas.

—Sí, tengo miedo.

—¿Tiene miedo de confesar que su corresponsal se equivocó? ¡Oh! Nada de amor propio, Beauchamp; confiese, Beauchamp, su valor no se puede poner en duda.

—¡Oh! No es eso —murmuró el periodista—; al contrario…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker