El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Se preguntó al conde cuánto tiempo necesitaba para preparar su justificación.
Morcerf habÃa recuperado el ánimo en cuanto se sintió vivo de nuevo tras ese horrible mazazo.
—Señores pares —respondió— no es con tiempo como se rechaza un ataque como este que dirigen contra mÃ, en este momento; tengo enemigos desconocidos y que quedan ocultos en la sombra, sin duda, de su propia oscuridad; es de inmediato como tengo que responder; tengo que responder como responde el rayo tras el relámpago que en un instante nos deslumbra. ¡Ojalá pudiera, como justificación, derramar mi sangre para demostrar a mis colegas que soy digno de caminar como uno de ellos!
Estas palabras causaron una impresión favorable para el acusado.
—Asà pues, pido —dijo— que la investigación tenga lugar lo más pronto posible, y yo suministraré a la Cámara todos los documentos necesarios para la eficacia de la misma.
—¿Qué dÃa fija usted? —preguntó el presidente.
—Me pongo desde hoy mismo a disposición de la Cámara —respondió el conde.
El presidente agitó la campanilla.
—¿Está la Cámara de acuerdo —preguntó— en que esta investigación tenga lugar hoy mismo?